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sábado, 4 de julio de 2009

MITOS, CUENTOS Y LEYENDAS

EL MONJE DE LAS CATACUMBAS DE LA IGLESIA DE LA PUNTA

Cuenta el experimentado huaquero José, que un día llegó hasta su casa un reconocido brujo a pedirle sus servicios en el oficio que él durante varios años había logrado ganarse el respeto, el trabajo consistía en entregarle una calavera para ser empleada en la mesa del brujo, pero esta no debería ser de cualquier entierro, sino de una de las tumbas que se encontraba en el sótano de la antigua iglesia colonial de La Punta. Doscientos soles fue el ofrecimiento del brujo por el cráneo.José, acostumbrado durante muchos años a este oficio no se hizo de rogar y de inmediato aceptó la propuesta, por la tarde cogió su mochila, su palana, su chuzo y unas cuantas hojas de coca que de inmediato echo a su boca y se dirigió a la antigua iglesia que muy bien conocía desde niño, ingresó a ella por donde se ubicaba la puerta principal, se dirigió hacia el altar y volteando a la izquierda en el rincón, con su plana sacó un poco de tierra y adobes que apenas cubrían la entrada del sótano, bajó unas cuantas gradas y de pronto se encontró en medio de las tumbas, escogió la mas cercana y con poco esfuerzo la destapó, observo dentro de ella y antes de recoger la cabeza sacó de su mochila su botella con yonque y se tomó un buen trago, retiró el cráneo del cuerpo, lo echó a su mochila, y sin buscar mas en la tumba la tapó rápidamente y salió con el encargo del brujo; al día siguiente como ya estaba acordado, el brujo llegó con el dinero y José le entregó la cabeza.
A los pocos días Carlitos, de apenas 8 años, hijo menor del huaquero, había perdido el apetito y estaba muy extraño, José, llamó a su hijo para preguntarle que le pasaba y este le dijo: allá en el algarrobo hay un señor que todos los días me dice ¡Quiero mi cabeza!, su padre en tono molesto le dijo: ¡Oye, que te pasa!, no seas sonso, déjate de tonterías y retirándose se fue a su cama a pensar y sospechando de la cabeza que había entregado al brujo, empezó a preocuparse, al día siguiente volvió a preguntar a su hijo por la apariencia del hombre que se le aparecía, su hijo lo describió como un hombre con un largo vestido que le cubría desde la cabeza hasta los pies, el un poco temeroso pero disimulando le pidió que le dijera el lugar exacto y la hora que lo veía para el mismo poder comprobarlo, y así fue, al día siguiente en el lugar y hora indicada encontró al monje parado y en postura desafiante que en tono molesto y amenazador le dijo ¡Quiero mi cabeza! , José bastante temeroso y confundido pensando que se trataba de su imaginación se retiró del lugar, ya en el interior de su casa al ver a su hijo muy enfermo así como también a su esposa, desesperado fue al brujo a contarle lo sucedido y obligándole a devolverle la calavera le regresó los doscientos soles, el brujo al ver la desesperación y darse cuenta del peligro de la familia de José accedió a devolverle la calavera, José sin decir nada, la echó rápidamente a su mochila y la misma tarde regresó a la antigua iglesia, ingresó por una de las ventanas y bajó a las catacumbas, abrió la tumba y repuso el cráneo en su lugar, tomo un trago de yonque le rezó un padre nuestro, le pidió perdón, tapó la tumba y regresó a su casa, en un rincón prendió una velas pidiéndole nuevamente perdón al monje, colocó su mochila junto a la palana y el chuzo y desde ese día no mas se apareció aquel monje, su familia sanó y el por temor cambió de casa.

EL BAÚL DE LA HUACA SAN JUAN

Antonio y Juan, como de costumbre llegaron a la huaca San Juan en busca de huacos, chaquiras y si la suerte les acompañaba hallaban algún objeto de plata o de oro que encontraban en las tumbas de los antiguos habitantes de Pomalca. Antes de cavar se echaron unas hojas de coca y se pusieron a masticar mientras se cambiaban de ropa y marcaban el lugar donde harían su pozo, tan pronto empezaron a dar las primeras palanadas, Antonio le dijo a Juan: la coca se me puso dulce, nos va ir bien, Juan, sonriendo le dijo: sigue no mas y continuó cavando, media hora después ya con el cuerpo cubierto de tierra y escupiendo con barro, se encontraban casi a un estado de profundidad, Juan salió a tomar un poco de aire mientras Antonio estaba a punto de desenterrar algo que ya lo tenía intrigado pues era algo muy particular que su chuzo no lograba detectar, no era hueso, ni metal, ni callana, dio unas cuantas palanadas mas, botó un poco mas de tierra, sacó la palana del pozo y con sus manos empezó a descubrir el misterioso entierro, grande fue su sorpresa cuando de pronto iba apareciendo entre sus manos un gran baúl hecho de cuero con madera y armado con unas fajas de metal que apenas lograba ver, pues aún todavía la cubría un poco de tierra, justo en ese preciso momento empezaron a escuchar un ruido que se les acercaba, Juan se encontraba fuera del pozo y logró ver que

se acercaba por la parte baja de la huaca junto al cuartel de cañas un señor vestido de blanco con un gran sombrero, montado en su caballo y acompañado de un enorme perro negro, temerosos ambos de lo que veían se agazaparon, Juan se tiro al suelo y en voz baja le pidió a Antonio enterrara el baúl, este presuroso y temeroso rápidamente jaló con sus manos un poco de tierra, tapó el baúl y le pidió a Juan le ayudara a salir del pozo, estando ambos fuera, temerosos aún observaron que el jinete de blanco, su caballo y el perro hicieron un pequeño descanso frente a ellos sin subir a la huaca y luego prosiguieron su camino, aún con el gran susto Antonio y Juan se tomaron su trago de yonque y continuaron siguiéndolos con la mirada a los misteriosos visitantes de paso hasta desaparecer de su vista, descansaron unos minutos y repuestos del susto volvieron al pozo para continuar sacando el baúl y retirarse lo más rápido posible, Antonio con sumo cuidado ingreso al pozo por su valioso hallazgo, escarbó y escarbó, y el baúl, ¡ni las puntas!, desesperadamente y con mas empeño insistió escarbando mientras se le iba apoderando un mal presentimiento, de pronto sintió un escalofrió que lo hizo reaccionar y muy nervioso le pidió a Juan ayuda para salir e inmediatamente tomando sus cosas iniciaron el retorno a sus casas. Ya en el camino recordaron lo que sus padres les contaban acerca del compacto de los señores de La Piedra en la huaca San Juan y del tesoro que en esta escondían y que ellos lo habían descubierto, pero don Augusto no permitió que lo tomaran, Antonio y Juan son unos de los tantos testigos que han visto hasta la fecha rondar al fantasma de don Augusto montado en su caballo acompañado de su mastin con dientes de oro, cuidando su gran tesoro en el baúl de esta famosa huaca.




















LA CRUZ DE VENTARRON

Una de las fiestas más tradicionales de nuestro distrito se celebra en el Centro Poblado de Ventarrón. Nos relata don Oscar Míñope, que en el año 1936, un grupo de chotanos conformado por los señores: Carranza, los hermanos Vásquez, Vitelio Medina, Francisco Pérez, todos ellos cortadores de caña se acercaron a sus jefes: Don Juan Frías, sub administrador; David Sánchez, jefe de cosecha; Francisco Segura, mayordomo; Vigil, apuntador y al señor Leandro Sandoval, caporal, para pedirles ser los intermediarios ante los señores patrones De La Piedra para permitirles organizar una fiesta religiosa; su fe católica y la costumbre de su pueblo de Chota les obligaba la adoración de una Cruz y aquí en Pomalca no la tenían, su petición fue aceptada por el patrón quien además les ofreció su ayuda, estos señores chotanos muy contentos con la respuesta, machete en mano se dirigieron al cerro Boró a buscar el algarrobo mas apropiado, cortaron su rama y después de tallarla la trajeron a Pomalca para decidir el lugar donde la colocarían; la primera propuesta fue llevarla al cerro “Las dos Tetas”, pero por ser de fácil acceso lo descartaron, pensaron en Collús, lugar que también desestimaron por ser huaca y finalmente acordaron llevarla al cerro Ventarrón, este cerro reunía los requisitos, era el mas alto, tenía mayor dificultad para subirla y este condición era necesaria por demandar mayor sacrificio de todos los penitentes y devotos de la Cruz; coordinaron con el mayordomo Sebastián Zeña, el caporal José Montaño, la familia Urcia Delgado, Esquives, Castillo Flores, Incio y otros pobladores.

El tercer domingo de Julio terminaron de dar el acabado final a la Cruz, la vistieron de papeles de colores, la bendijeron y luego la trasladaron a la casa del señor Medina que vivía en la curva de los Silva donde permaneció hasta el 27 de julio, ese mismo día a las 6 de la tarde en procesión y con la animación de la banda de músicos compuesta de quenas y tambores que los mismos chotanos la conformaban, se dirigieron a la casa hacienda a pedido de los patrones, los hermanos De la Piedra salieron con su familias e hicieron la venia y después de hacerle un rezo y de quemar algunos cohetes fue conducida a la calle San Vicente (hoy 24 de Junio) donde se le preparó una poza, ese día el suelo de las calles lucían de color oscuro y de olor a melaza, el suelo aún pegajoso dificultaba el pase de los devotos, el día 29 el patrón ofreció la Pachamanca que consistía en un almuerzo de carnero, el cual asentaron con chicha y cañazo , la chicha que era la bebida preferida de los piuranos y el cañazo para los serranos de Cajamarca. El día 30 a las 9 de la mañana nuevamente con el acompañamiento de quenas y tambores, la Cruz fue trasladada al antiguo templo ubicado a un costado de la casa hacienda, donde actualmente vive la familia Rodríguez Paredes, terminada la misa a las 11 de la mañana, la Cruz, en hombros de sus devotos y una multitud de gente se embarcaron en el ferrocarril rumbo a Ventarrón donde permaneció en su poza hasta el tercer domingo de agosto, día que los devotos de Pomalca llegaron nuevamente junto a la banda chotana para llevar la Cruz hasta la parte mas alta del cerro y allí quedó hasta el año siguiente.
En los primeros años su popularidad de esta fiesta religiosa fue creciendo y el ferrocarril en estas fechas se convirtió en el vehiculo de la alegría, 15 coches llenos de hombres, mujeres y niños abandonaban Pomalca para dirigirse en masa a la fiesta de la Cruz de Ventarrón, también conocida como la Cruz de Chota, porque ya como se dijo, ellos la iniciaron. A las 12 del medio día, la gente de Ventarrón se preparaba para recibir a la multitud de pomalqueños que con gran fervor religioso , “mucha sed” y ganas de bailar llegaban; los porrones de chicha rebozaban, así como también los ollas con los cabritos y la banda de músicos esperaban a todos los visitantes, eso si, llegada las 5 de la tarde, el tren anunciaba con el sonar de su pito que la fiesta había terminado y todos tenían que abordar los coches para el retorno a Pomalca, pero como siempre no falta, algunas familias que deseaban continuarla, tenían que anticipadamente descarrilar un coche del convoy del ferrocarril para retornar a la hora que desearan, previamente tenían que haberse asegurado de llevar una bestia que haría el papel de “locomotora” para su retorno.
Esta fiesta quizás fue una de las primeras y las mas grandes de integración y de mestizaje interno que tubo la hacienda, ya que los organizadores fueron gente serrana, a la que con cariño les decían los paisanos y que por la Cruz se integraron a los de Ventarrón que en su mayoría era la gente chola. Cupido no faltó esta gran fiesta tradicional y logró unir a muchas parejas de distintos grupos étnicos contribuyendo de esta manera a este mestizaje del que pocos pueblos como Pomalca lo tienen.
En este mes de julio, mes de la tradicional fiesta de la Cruz, todo el distrito de Pomalca celebra por Ventarrón su nuevo y gran potencial turístico que le da su templo de barro más antiguo de América, motivo por el cual hacemos un ¡Salud! en un poto de chicha por Ventarrón, por Pomalca y toda nuestra región.

EL PRIMER EQUIPO MECANIZADO DE POMALCA


Una de las principales labores de campo de la Empresa Pomalca, es el recojo de caña y su traslado hacia la fábrica. Don Santiago Delgado Sánchez, fotógrafo y obrero que desempeño varias labores en el campo desde la época de la hacienda domiciliado en Saltur, nos relata que por el año 1944 esta labor era muy pesada y lenta, las cosechas se hacían con gente serrana, unos 70 se encargaban de cortarla y otros 30 de entre los mas robustos eran los cargueros, obreros de hombros callosos las sacaban desde los cuarteles y las llevaban hacia los coches del ferrocarril que se adentraban a los cuarteles a través de las líneas portátiles que una cuadrilla de fornidos obreros las armaban, su tarea era llenar 2 carros por día y una vez llenos de caña y bien puestas entre los barrotes, estos coches de hierro eran remolcados por una yunta de bueyes hacia la línea firme donde esperaba la locomotora para trasladarla hacia la fabrica.

Unos 60 carros bien cargados eran remolcados por el ferrocarril, eso si deberían estar bien puestas las cañas, ya que en ocasiones se volteaban al ser transportadas y los obreros responsables de este coche no recibían su pago; la dificultad que presentaba este trabajo era la altura del coche del ferrocarril y para cumplir con su tarea necesitaban de una escalera, esta pesado trabajo llegó a su fin el año 1953 con la llegada del primer equipo mecanizado de recojo de caña consistente en 8 tractores con 2 carretas cada una, 4 cargadores con arrumador y un winche con una gran pluma marca Thomson “Allis Chalmers” con poleas en la parte alta que era accionada por un equipo motorizao llamado “mula” el que a través de cables levantaba el montón de caña que previamente era amarrada con el cable, esta labor era realizada por dos

obreros con la ayuda de una mula, en el sentido literal, este si era un animal, que ayudaba a jalar una varilla llamada aguja que aseguraba el atado de cañas; cuando los cables accionados por la máquina llamada “mula” levantaban el atado de cañas, un obrero tenía que subir junto a esta para quitar la aguja que daba seguro y desatar las cañas que caían al coche del ferrocarril.
Este winche recibía las cañas de las carretas, que las transportaban desde los cuarteles. Unos 120 carros diarios de caña eran transportados hacia la fábrica de Pomalca.
Esta labor con el winche llega a su fin el año 1957, año en que llega la primera pala hidráulica norwest, los tractores de oruga para el arrume de la caña y en el año 1964 legan los trailers con carretones .desplazando a el ferrocarril.

LOS BARONES DEL AZÚCAR

A inicios del siglo XX, los hacendados de Pomalca ingresan a una etapa de vertiginoso crecimiento económico y con ello también de poder político; dentro de su propiedad denominada “la ranchería” ejercían un poder absoluto, nadie que no trabajara para sus intereses vivía en la hacienda. Todo el conjunto de viviendas semejaban un gran cuartel con grandes murallas que las cercaban para controlar todo lo que ocurría, hasta la mas modesta fiesta que dentro de una vivienda se realizara, fiesta que por cierto no debería de pasar de las 9 de la noche, hora máxima permitida, prácticamente su poder era ilimitado, ellos nombraban a su gobernadores
En situaciones de escasez de billetes, elaboraban los suyos para pagar a sus obreros, billetes que eran aceptados en los tambos de la hacienda. A las calles les ponían sus propios nombres, así tenemos: Calle San Carlos (hoy San Martín), San Vicente (hoy 24 de junio), San Salvador (hoy Jorge Chávez), San Agustín (hoy José Santos Chocano) todos ellos hermanos de apellidos Gutierrez Pestana; propietarios durante los años 1902 al 1920; por supuesto que ellos no eran unos santos, ni siquiera menos que santos, pero de seguro que impactaba en todos los habitantes y obligaba respetar a los dueños casi endiosados entre los obreros de aquella época, muy sumisos e ingenuos; luego cuando Pomalca crece y llegan nuevos dueños construyen las calles: Augusto de la Piedra (hoy Ramón Castilla), Calle Santa Rosalía (hoy José Quiñones) hijo y madre de la familia De la Piedra del Castillo, dueños desde 1920 hasta 1969. Estos últimos hacendados hermanos Ricardo, Augusto y Enrique De la Piedra del Castillo eran muy respetados en la región, el señor Enrique de la Piedra Del Castillo fue elegido Senador de la República en dos periodos consecutivos, así como también elegido Presidente del senado, fue nombrado Ministro de Hacienda y Comercio. El señor Julio de la Piedra también fue elegido Senador y ocupó el cargo de Presidente de la Cámara de Senadores, así mismo esto sucedía con los Aspíllaga en Cayaltí, los Pardo en Tumán y los Izaga en Pucalá.,

PIURANOS Y CAJAMARQUINOS EN POMALCA


Al mismo tiempo que los asiáticos llegaban a Pomalca bajo la modalidad de las contratas, también llegan jornaleros de las regiones de Piura y Cajamarca, estas personas eran traídas desde sus tierras por el enganchador quien los convencía socorriéndolo con el dinero que necesitaban para sus sembríos o para la compra de medicina para sus familiares, pero con la condición de ir a trabajar a la hacienda. Sin embargo se procedía primero a un contrato que señalaba que hasta no pagar el ´socorro´ los peones no tenían derecho a percibir ningún salario".
Esta gente casi siempre venían solos y eran alojados en grandes casas llamadas canchones. Recordando a la gente venida de la serranía de Llama, Conchán, Tacabamba y otros , eran personas de piel blanca, ojos claros, cabellos lacios y castaños, nariz aguileña, ellos vestían a la usanza de sus tierras con gruesos ponchos multicolores que les llegaban mas debajo de sus rodillas, camisa y pantalón de gruesa tela, sombrero alerudo de copa alta, tejido en junco, ancha y larga faja de grueso hilo alrededor de la cintura, pies calzados con yanques hechas de cuero de res, algunos portaban largos machetes que colgaban de su cintura enfundados en cuero repujado, en sus noches de bohemia, ganados por el licor se les oía entonar sus tristes yaravíes.
Otro grupo de jornaleros llegaron de la región de Piura, gente de piel cobriza, pelo lacio, ojos negros; esta gente se asentó en su mayoría en San Antonio, antes llamado “La pampa de los pelados” justamente por que así se les veía después de su jornada de trabajo tirados en sus petates sin camisa y con los pies descalzos.

LOS JAPONESES EN POMALCA


Desde el lejano Oriente del Japón, el 27 de febrero de 1899, partieron el primer contingente de obreros que tenían como destino las haciendas peruanas, entre ellas Pomalca, 790 personas de Yokohama abordaron el barco “Sakura Maru”. Casi todos ellos tenían entre 20 a 30 años de edad, física y psicológicamente bien dispuestos y calificados para realizar trabajos, sobre todo de agricultura.
El barco Sakura Maru, después de 36 días llegó al Callao y de allí partió al puerto de Eten desembarcando a 100 obreros para las Haciendas de Pomalca y Cayalti de propiedad de los señores Gutiérrez la Torre y Aspillada respectivamente
En el Japón, las compañías de inmigración autorizadas publicaron anuncios en los periódicos de las diversas prefecturas del Japón en los cuales se ofrecían salarios de 1 yen y 20 sen al día, pero que podía incrementarse si se laboraba bajo el sistema de tarea, se informaba también que las haciendas donde los emigrantes irían a realizar labores de agricultura, se ubicaban en el área de los desiertos de la costa y que el clima era siempre bueno, ni excesivo frío ni calor, siendo adecuado para un japonés. También se señalaba la ausencia de enfermedades endémicas, siendo además la zona apropiada para las buenas condiciones de salud. Concluía el anuncio al afirmar que los peruanos dan una cálida bienvenida a los japoneses.
Todo interesado en emigrar debía reunir las siguientes condiciones: tener entre 20 y 45 años, buena salud y rectitud moral. En el contrato figuraba que se trabajaría en las haciendas azucareras durante un período de 4 años; siendo las jornadas de trabajo de 10 horas diarias en el campo y 12 en los ingenios. Se establecía también que el sobre tiempo no debe exceder de 2 horas; y se establecen los domingos y feriados como días de descanso.
Las obligaciones de los hacendados incluían el pago de los gastos de viaje, desde la salida en Japón hasta el lugar de destino en el Perú, y el proporcionar vivienda y ayuda médica.
Además, se establecía que cada trabajador recibiría un juego de ropa de trabajo, un sombrero y un par de zapatos proporcionados por la compañía de emigración.
A Pomalca llegaron 13 obreros procedentes de Niigata y 37 de Yamaguchi
El año 1908 llega otro grupo desde la gran Isla de Shikoku de la prefectura de Kochi, zarparon del puerto Kobe el 31 de Octubre, en el barco Itsukushima Maru que traía 811 trabajadores japoneses para las haciendas del Perú. Arribaron al Puerto del Callao el 10 de Diciembre de ese mismo año. Los de Kochi fueron 22 pioneros, los cuales tuvieron como destino la Hacienda Pomalca, propiedad en ese entonces de la familia de hacendados Gutiérrez Pestana .


Cabe mencionar que los primeros inmigrantes asiáticos fueron solo hombres, algunos de los cuales se comprometieron con mujeres de la localidad, otros lograron una mejor situación económica lo que les permitió llamar a sus esposas o se comprometieron por matrimonio por retrato (shashin kekkon), en el cual los cónyuges sólo se conocían a través de fotografías, el hombre soltero enviaba su fotografía a sus parientes en Japón, y éstos le ayudaban a conseguir esposa. Además, los familiares se encargaban de remitirle fotos de las candidatas a esposas al interesado.
Después de la aprobación de ambas partes, el novio enviaba una carta poder al Japón para casarse. En el matrimonio estaban presentes el representante del novio y los parientes de ambos contrayentes. Posteriormente, el nombre de la esposa se inscribía en el registro familiar (koseki) del esposo para hacer oficial el matrimonio.
Después de realizado el matrimonio, el esposo tenía que asumir los gastos que demandaría el viaje al Perú de su esposa. Generalmente ocurría que el esposo después de ahorrar por muchos años era al fin capaz de desembolsar la cantidad de dinero requerida para traer a una esposa de Japón, por lo que en mucho de los casos los migrantes eran hombres maduros, en cambio las novias eran mujeres jóvenes.
¿Pero por qué las mujeres japonesas aceptaban casarse con hombres mucho mayores que ellas? Muchos migrantes enviaban fotos tomadas en sus años de juventud, o se mandaba la fotografía de un amigo mejor parecido que el solicitante. A veces sucedía que la esposa, al conocer a su esposo, desistía de cumplir con el acuerdo matrimonial, pero en la mayoría de ocasiones la mujer respetaba la unión.

Una de las actividades de estos japoneses imitada por mucho tiempo acá en Pomalca fue el pandero, éste consistía en aportes de dinero fijo por parte de un grupo de participantes que eran entregadas, por turno, a cada integrante. El organizador tenía el número cero, y era quien se beneficiaba por única vez sin aportar dinero, pero tenía la responsabilidad de entregarles a todos su dinero según su número.
Entre los últimos japoneses que vivieron acá se recuerda a los señores Kamimura y el señor Uyeke quienes se dedicaron a la peluquería brindando sus servicios a la familia de la Piedra así como a toda la población.
Fuente: ASOCIACIÓN PERUANO JAPONESA.
EtniciTomo2
Etnicidad y Discriminación Racial en la Historia del Perú
En el país de las colinas de arena FERNANDO DE TRAZEGNIES

LOS CHINOS CULIES EN POMALCA



Cuando el presidente Ramón Castilla abolió la esclavitud el año 1854 las haciendas ven perjudicados sus intereses económicos por la pérdida de sus esclavos, en esos momentos, en el Perú había una gran necesidad de trabajadores para la agricultura y otras áreas de la economía nacional y presionan al presidente para la dación de una ley que promueva la inmigración de trabajadores asiáticos.
El gobierno promulgó la ley el año 1849 estableciendo premios económicos a los inversionistas que traigan chinos "culíes" al Perú. Un grupo de inversionistas extranjeros y peruanos se dedicaron a este gran tráfico humano logrando entre los años 1847 y 1879 traer al Perú 100 mil chinos culíes. La justificación para la llegada a nuestro país de estos obreros, era la mano de obra barata.
Muchos de estos chinos llegan a trabajar a Pomalca, en condiciones muy duras. Prácticamente fueron semiesclavos mientras duraba su contrato, al llegar al Callao eran prácticamente vendidos, pues los chineros subastaban sus contratos a los hacendados u otras personas que necesiten de sus servicios, el chino no podía negarse, pues el ya había aceptado las condiciones al firmar su contrato en Macao que era el puerto chino desde donde partían. La obligación del culí en el contrato indicaba que debería trabajar durante ocho años para un amo o patrón y a continuación quedaba libre si es que no aceptaba recontratarse. Mientras duraban esos ocho años obligatorios, el patrón podía transferirlo a otro amo. Al término del contrato muchos chinos se dedicaron a otras actividades como peluqueros, bodegueros y cocineros Estos inmigrantes culíes que llegaron al Perú, no eran hombres cultos, sino que se trataba de campesinos muy pobres con un nivel cultural muy bajo y que salían de su país por no encontrar un buen nivel de vida. Pensaban que en otros países podrían encontrar el bienestar que tanto buscaban.
Nos relata don Santiago Delgado Fernández de Saltur que antiguos trabajadores de la hacienda le contaban que estos chinos, en las faenas de campo eran muy unidos y eran los que mas trabajaban, pero por obligación por que eran casi esclavos, su contrato así lo obligaba, mientras el resto de jornaleros regresaban a sus casas habiendo ya terminado sus tareas, ellos continuaban casi hasta el anochecer, es así que llevaban sus ollas para cocinar en el campo, la costumbre que mas impresionaba de ellos era a la hora de preparar sus alimentos, jamás preparaban sus alimentos con agua depositada, ya sea de noria o de alguna acequia a la que se le había puesto tapa, el agua tenía que estar corriendo, eran capaces de caminar largas distancias con tal de conseguir su
Aquí en Pomalca debieron de vivir en comunidad posiblemente cerca del actual centro poblado “El Chorro” antes llamado la “Huaca de los Chinos”, conocido así desde tiempos antiguos seguramente porque cerca de este lugar vivieron y donde también se enterraron, Otro grupo de estos inmigrantes fueron enterrados en el antiguo cementerio ubicado al lado derecho de la carretera que conduce a Tumán a la altura de la huaca San Juan, en este lugar se pueden encontrar fragmentaría de loza china regada entre los cuarteles de caña, producto de la actividad de maquinaria agrícola y la ampliación de áreas de cultivo que fueron poco a poco eliminando este antiguo cementerio. Gran parte de estos chinos ya no regresaron a su tierra, formaron familia con mujeres de la localidad, descendencia que podemos encontrar en muchos pomalqueños entre ellos al señor Antonio Che propietario del Tambo de la hacienda así como responsable de la comida para los cortadores de caña, así también a los chinos que adoptaron el apellido Baca que se dedicaron a la panadería y al chino Polo obrero de fábrica.

FUENTE::Hijos del Celeste Imperio en el Perú Y Herederos del Dragón

Los trabajadores chinos culies en el Perú.

La rebelión de los rostros pintados Chinos culíes: Autor: Humberto. Rodríguez Pastor

LOS CHINOS CULIES EN POMALCA


Cuando el presidente Ramón Castilla abolió la esclavitud el año 1854 las haciendas ven perjudicados sus intereses económicos por la pérdida de sus esclavos, en esos momentos, en el Perú había una gran necesidad de trabajadores para la agricultura y otras áreas de la economía nacional y presionan al presidente para la dación de una ley que promueva la inmigración de trabajadores asiáticos.
El gobierno promulgó la ley el año 1849 estableciendo premios económicos a los inversionistas que traigan chinos "culíes" al Perú. Un grupo de inversionistas extranjeros y peruanos se dedicaron a este gran tráfico humano logrando entre los años 1847 y 1879 traer al Perú 100 mil chinos culíes. La justificación para la llegada a nuestro país de estos obreros, era la mano de obra barata.
Muchos de estos chinos llegan a trabajar a Pomalca, en condiciones muy duras. Prácticamente fueron semiesclavos mientras duraba su contrato, al llegar al Callao eran prácticamente vendidos, pues los chineros subastaban sus contratos a los hacendados u otras personas que necesiten de sus servicios, el chino no podía negarse, pues el ya había aceptado las condiciones al firmar su contrato en Macao que era el puerto chino desde donde partían. La obligación del culí en el contrato indicaba que debería trabajar durante ocho años para un amo o patrón y a continuación quedaba libre si es que no aceptaba recontratarse. Mientras duraban esos ocho años obligatorios, el patrón podía transferirlo a otro amo. Al término del contrato muchos chinos se dedicaron a otras actividades como peluqueros, bodegueros y cocineros Estos inmigrantes culíes que llegaron al Perú, no eran hombres cultos, sino que se trataba de campesinos muy pobres con un nivel cultural muy bajo y que salían de su país por no encontrar un buen nivel de vida. Pensaban que en otros países podrían encontrar el bienestar que tanto buscaban.
Nos relata don Santiago Delgado Fernández de Saltur que antiguos trabajadores de la hacienda le contaban que estos chinos, en las faenas de campo eran muy unidos y eran los que mas trabajaban, pero por obligación por que eran casi esclavos, su contrato así lo obligaba, mientras el resto de jornaleros regresaban a sus casas habiendo ya terminado sus tareas, ellos continuaban casi hasta el anochecer, es así que llevaban sus ollas para cocinar en el campo, la costumbre que mas impresionaba de ellos era a la hora de preparar sus alimentos, jamás preparaban sus alimentos con agua depositada, ya sea de noria o de alguna acequia a la que se le había puesto tapa, el agua tenía que estar corriendo, eran capaces de caminar largas distancias con tal de conseguir su
Aquí en Pomalca debieron de vivir en comunidad posiblemente cerca del actual centro poblado “El Chorro” antes llamado la “Huaca de los Chinos”, conocido así desde tiempos antiguos seguramente porque cerca de este lugar vivieron y donde también se enterraron, Otro grupo de estos inmigrantes fueron enterrados en el antiguo cementerio ubicado al lado derecho de la carretera que conduce a Tumán a la altura de la huaca San Juan, en este lugar se pueden encontrar fragmentaría de loza china regada entre los cuarteles de caña, producto de la actividad de maquinaria agrícola y la ampliación de áreas de cultivo que fueron poco a poco eliminando este antiguo cementerio. Gran parte de estos chinos ya no regresaron a su tierra, formaron familia con mujeres de la localidad, descendencia que podemos encontrar en muchos pomalqueños entre ellos al señor Antonio Che propietario del Tambo de la hacienda así como responsable de la comida para los cortadores de caña, así también a los chinos que adoptaron el apellido Baca que se dedicaron a la panadería y al chino Polo obrero de fábrica.FUENTE::Hijos del Celeste Imperio en el Perú Y Herederos del Dragón Los trabajadores chinos culies en el Perú. La rebelión de los rostros pintados Chinos culíes: Autor: Humberto. Rodríguez Pastor

EL PALENQUE DE POMALCA

El continuo abuso de los hacendados Martínez de Pinillos contra sus esclavos provocó el levantamiento de ellos el año 1800, estos se agruparon en un palenque entre los límites de las haciendas Pomalca y Tuman, este era un lugar ubicado entre los bosques donde vivían los negros cimarrones, llamados así por ser esclavos rebeldes y fugitivos que en busca de su libertad huían del maltrato de sus amos, este estratégico lugar cerca a la hacienda Tumán, fue escogido por la solidaridad que demostraban los esclavos de esta hacienda a sus hermanos de raza; el trato humano que habían recibido por parte de la orden de los Jesuitas, dueños de Tumán había creado en ellos un sentimiento de derecho a la unidad familiar y la permanencia en un lugar, este derecho adquirido lo hicieron respetar con la nueva administración después de la expulsión de la orden religiosa a tal punto de obligarlos a dar asilo a 30 esclavos de Pomalca que en agosto de 1800 huyeron de Pomalca para formar su propio palenque

UN AMOR LLEVÓ A LA CARCEL AL HACENDADO MANUEL PINILLOS



Agosto del año 1850, Luisa, esclava y cocinera de la hacienda Pomalca y José Gertrudis Barreto, zapatero de oficio en Pacora, por cosas del destino se conocen, él, huyendo para no ser reclutado llega a esta hacienda y acude al hacendado Manuel Pinillos, dueño de Pomalca para ofrecer sus servicios, es en esta visita que conoce a Luisa, quien debió ser una atractiva esclava para estar en casa de los patrones, este encuentro los flechó a ambos e iniciaron amoríos, clandestinos por supuesto ya que una esclava tenía dueño, el temor de José debió ser mayor por este causa y seguro que prefería ir reclutado que ser apresado por al amor a una esclava; así que este abandonó Pomalca por miedo a Manuel Pinillos, y regresó a su tierra dejando a su amada. Luisa, en esos días empezó a recibir maltratos y temerosa de otros castigos mayores decidió fugar una noche refugiándose en los montes del Picci y a las dos semanas la fortuna los junto nuevamente con su amado Barreto. 15 días juntos y felices estuvieron, pero el temor a ser apresados los obligó nuevamente a separarse, el se fue sin rumbo conocido y Luisa se fue a Morropillo y luego a Tumán, allí fue apresada un viernes 25 y traída de regreso a Pomalca
Este malvado hacendado Pinillos, muy conocido por sus maltratos también tomó represalias contra Barreto y lo hizo apresar, y no satisfecho envió un grupo de 7 hombres armados al mando de su hijo Jorge para secuestrar de las manos de los custodios y a la fuerza conducirlo hasta la hacienda, aquí fue de inmediato engrilletado sus pies con una arroba de peso y recluido en un calabozo escuro y fétido el 17 de octubre.

Engrilletado y con las heridas agusanándose, Barreto también fue sometido al castigo del hambre para declarar el paradero de su amante Luisa, pero el calló.
Rosario Barreto hermana del detenido fue quien salió en su defensa y denuncio a Manuel Pinillos por el abuso ante el subprefecto, fue él quien envió a Pomalca a 4 lanceros y un teniente del ejercito encontrando a Barreto casi moribundo y también a la esclava Luisa encadenada en una de las habitaciones del amo, a otra esclava en un calabozo acusada de cómplice de la fuga de Luisa. un esclavo preso por mas de cuatro meses por una pelea y a dos esclavas fuera del calabozo pero con platinas en los pies, todos ellos solo eran alimentados con maíz molido con agua y sal, todos ello fueron liberados en el acto y a Barreto se le dio el caldo de gallina que era para el amo y a este se le llevó apresado a Chiclayo por 12 días saliendo luego bajo fianza, un sacerdote había logrado tergiversar los sucesos al hacerle declarar a Barreto que el mismo se había hecho las heridas, el fiscal dispuso se cancele la causa y no obstante probarse todos los abusos de Pinillos este fue liberado por el fiscal quien manifiesta que la prisión fue indebida y que los días de preso el amo era suficiente
El juez declaró que la acusación es puras injurias ya que los agraviados no habían hecho ninguna denuncia formal.

POMALCA, TODAS LAS SANGRES Y MIXTURA DE CULTURAS

POMALCA: TODAS LAS SANGRES Y MIXTURA DE CULTURAS

Pomalca es uno de los distritos lambayecanos con una gran mixtura de tradiciones y costumbres de distintos grupos humanos, regionales y extranjeros que durante más de cuatro siglos de existencia trajeron a esta tierra su propia cultura a entrelazarse con la originaria de descendientes de Ventarrón y Collús que durante nuestro periodo autónomo también recibieron el aporte cultural de cupisniques, chavines, mochicas, waris, lambayeques, chimúes e incas. La ambición trajo a nuestra región a los conquistadores españoles que llegaron a establecerse por los años 1500 y junto a ellos trajeron a la fuerza a esclavos de raza negra llegados del África para la actividad agrícola. Así también, la necesidad de trabajo por los años 1849 motivó que muchos asiáticos, desde la China y el Japón llegaran a cultivar la caña; a este grupo de extranjeros se sumaron diversas etnias de nuestra raza de la serranía de Cajamarca y de Piura, que con los naturales de esta zona pertenecientes en esa época a la comunidad de Chuspo – Callanca crearon una variedad cultural muy particular cuyo resultado somos nosotros.
Durante todo este largo tiempo hemos asimilado lo mejor de cada grupo humano ya sea por la influencia cultural o por el mestizaje en el cruce de razas que mayormente se produjo entre los conquistadores y nuestra raza, así como por la gente de Cajamarca con piuranos, africanos con indígenas, y algunos chinos con naturales de esta zona, a tal punto que las palabras de Ricardo Palma “El que no tiene Inga tiene de Mandinga” podrían quedar cortas aquí en Pomalca ya que muchos tienen hasta de chino, y para ser mas preciso, mejor adoptamos el pensamiento de José María Arguedas “Somos todas las sangres”, mucho de serranos y cholos, así como de europeos, un poco de africanos y algo de chinos, este gran y profundo mestizaje con todos estos grupos humanos que llegaron con su propia cultura, costumbres y tradiciones, es necesario conocerlo por que es parte de nuestra historia y conociendo nuestro pasado, comprenderemos gran parte de nuestra realidad. Diversas fuentes, tales como: los archivos de la nación, trabajos monográficos de quienes han recurrido a archivos regionales, viejos periódicos, revistas, informes de asociaciones culturales extranjeras y el testimonio de muchos trabajadores jubilados de esta empresa nos permiten acercarnos un poco a nuestro pasado para brindarle un momento de historia; agradable o no, pero al fin, nuestra.

EUROPEOS EN POMALCA

Los cronistas nos relatan que por el año 1534 los conquistadores españoles llegan a nuestra región con la intención de posesionarse de estas tierras, pues ya dos años atrás habían asegurado la conquista de nuestro imperio con la captura de Atahualpa, esta gente de distinta raza y cultura a la nuestra fue aventurera y guerrera que llegaron en busca de fortuna, una vez establecida en nuestra tierra nos impusieron su cultura, un nuevo idioma y una nueva religión, produciéndose profundos cambios en la vida de nuestros antepasados, mas aún con el nuevo concepto de propiedad privada, las tierras que antes eran consideradas para el dios sol o su hijo el Inca, ahora serían de una sola persona, de un español y para quien deberían trabajar a cambio de los frutos de la tierra y unas cuantas monedas; todos fueron despojados de sus tierras que por aquella época se consideraban comunales; el lado positivo de esta situación fue la introducción de nuevos recursos naturales, nuevas plantas como: el trigo, la cebada, avena, la caña, el arroz y muchas frutas así como animales como: los caballos, vacas, chivos, ovejas, gallinas, pavos etc.
De esta cultura europea hemos heredado la mayor parte de costumbres, tradiciones y hasta nuestros apellidos, que en su mayoría los hemos adoptado de los españoles en generaciones pasadas, pocos nombres autóctonos se convirtieron en apellidos, motivo que debe enorgullecer a quienes lo tienen pues mantienen su identidad histórica.




AFRICANOS EN POMALCA
Junto a los conquistadores llegan los esclavos africanos, estos hombres y mujeres de piel negra eran traídos de Angola y Guinea desde donde eran secuestrados y tratados como mercancías y los traían en condiciones infrahumanas encadenados con argollas de los cuellos, mal alimentados a tal punto que el 40 % de ellos morían en la travesía y otros en el periodo de aclimatación en los trabajos forzados a los que eran sometidos, se calcula que unos 15 millones de estos personas fueron traídas a América.
Por los siglos XVI y XVII, la mayoría de población obrera de la hacienda Pomalca estaba formada por estos esclavos que eran adquiridos entre 385 a 485 pesos, el número de indígenas se había reducido considerablemente debido a las guerras y enfermedades que los conquistadores habían traído y además los hacendados acostumbrados a la explotación se vieron afectados por las leyes que protegían a los indios, es por ello que empezaron a “adquirir” gran cantidad de esclavos traídos desde el África
Estas personas eran esclavizadas por ser considerados seres sin alma, sus espaldas o frente eran marcados como las bestias con hierro caliente por sus amos, se les cambiaban los nombres cuando eran vendidos, sus mujeres eran tomadas como concubinas; el abuso cometido contra ellos fue sin límites, pero nunca estuvieron sumisos, el espíritu de lucha por su libertad siempre estuvo latente y con esporádicas rebeliones llamaban la atención de los gobernantes por su libertad, también de manera formal hacían sus reclamos por justicia, como es el caso siguiente.

CARTA DE LOS ESCLAVOS DE POMALCA AL PRESIDENTE RAMÓN CASTILLA

“Si su Majestad desoye esta nuestra súplica, lo citamos ante Dios por la falta de Justicia…y ante la vindicta pública por lo que podamos hacer en defensa de los crímenes que el amo comete contra nosotros” Con estas palabras el día 9 de agosto de 1846 los esclavos de la hacienda Pomalca se dirigen al presidente Ramón Castilla denunciando los abusos del hacendado Manuel Pinillos. Además pidieron al presidente no confiar en las autoridades por que estos salían a favor del hacendado y le sugirieron encomendar el caso a una persona honesta y de su confianza para resolver el caso. Esta carta no tuvo el éxito esperado, el presidente no hizo caso a la advertencia, no se le dio el trámite debido por la parcialidad de las autoridades con el hacendado, no hubo respuesta favorable. Sin embargo esta decisión de los esclavos nos muestra su espíritu de lucha y defensa por obtener la preciada libertad que pronto la alcanzarían en el año 1854 con la abolición de la esclavitud en el gobierno de Ramón Castilla que tuvo que pagar la libertad de cada esclavo con 200 pesos a sus amos

LLAPCHILLULLI, LA TEJEDORA DE COLLUS




Otro sensacional hallazgo realizado en Collúd nos da la satisfacción que Pomalca siga contribuyendo a engrandecer y valorar nuestra gran historia así como también al desarrollo cultural y turístico de nuestra región y el país. El Arqueólogo Samuel Castillo Reyes nos informa del descubrimiento de una gran tejedora lambayecana que podría ser la Llapchillulli de Collús que nos narra la conocida leyenda de Naylamp, este personaje legendario era el que se encargaba de labrar las camisetas y ropa de plumas de este gran jefe que llegó del mar con una gran flota de balsas a la playa de San José a fundar la cultura Lambayeque. Los estudios preliminares de esta tumba señalan que esta mujer sufría de una severa osteoporosis y murió de aproximadamente unos 43 años, fue enterrada como todo una gran personaje, cubierta el rostro con una gran máscara funeraria y en sus manos fueron colocados un vaso y el dios Llampayec tallado en madera; también le fue colocado una peluca postiza y a su alrededor 38 mates conteniendo ovillos de hilo, husos, torteros, agujas, alimentos, tizas hechas posiblemente de conchas marinas empleadas para trazos de diseños en telas, así como también 43 ceramios rey que le fueron ofrendados a esta antigua tejedora de Collús. Otro no menos importante hallazgo se registró en días pasados causando admiración por el número de anillos que llevaba puesto y por lo que fue denominado “El Señor de los Anillos de Collús”.

viernes, 3 de julio de 2009

MITOS, CUENTOS Y LEYENDAS DE POMALCA

                                                           LOS PATITOS DE ORO

Por las tardes en la Huaca Collús, de entre los arbustos sale una pata silvestre con sus patitos a pasear. Los ojos de estas avecitas brillan de manera sobrenatural, al igual que las bellas plumas de la madre. Los pequeños son de bellas plumas doradas, muchas personas lo han visto, pero son tan escurridizos que cuando intentan cazarlos se esconden detrás de los arbustos. Cierto día un campesino que estaba trabajando en su chacra vio a un patito que graznaba asustado por que había quedado solo, pues se había alejado del resto de la camada; el campesino corrió y con la ayuda de su sombrero lo atrapó. Contento por haberlo conseguido se dispuso a tenerlo entre sus manos, con mucho cuidado continuó apretando el sombrero al suelo y con la otra mano metió rápidamente dentro de el, pero se dio un gran susto al sentir que lo que estaba dentro del sombrero era un objeto muy duro, aún no repuesto del susto levantó suavemente su sombrero dándose con un gran sorpresa, el patito era de oro macizo, muy contento, dejando su tarea corrió a su casa a enseñarle a su mujer, esta muy emocionada hizo correr la noticia entre sus vecinas de la afortunada cacería de su esposo y desde entonces muchas personas hasta ahora, salen en su busca para atraparlos.


                                                       LA CRUZ DE COLLÚS

Los nuevos pobladores que llegaron al gran Collús en la época de la colonia lo hicieron para sembrar caña de azúcar para los hacendados españoles, estos se habían apoderado de estas tierras e incluso de sus ocupantes, a quienes explotaban al hacerles trabajar cultivando la tierra y cuidando animales solo a cambio de comida y unas pocas monedas; pero estas nuevas familias tenían mucho miedo de vivir en la parte alta de la Huaca donde empezaron a construir sus viviendas, por que se les aparecía los gentiles en los caminos y hasta en sus casas, como si hubieran vuelto a recobrar sus vidas. Al parecer no querían que sobre sus templos y cementerios construyeran nuevas casas y por eso los trataban de asustar. El mayor temor de los nuevos habitantes era que los gentiles aparecieran cuando estuvieran acompañados de bebés y niños ya que tenían el espíritu débil y podían morir de susto. Por este motivo todos los nuevos pobladores se pusieron de acuerdo y decidieron colocar una cruz de palo en la parte alta de la Huaca, le hicieron ofrendas, prepararon chicha como los gentiles lo sabían hacer e hicieron una gran fiesta y desde ese día la Huaca se calmó y ahora a los gentiles se les ve pero de lejos.



                                            LA DONCELLA DE VENTARRÓN

Los primeros pobladores del actual Ventarrón cuentan que a las doce de la noche, de la Huaca del pueblo salía una hermosa doncella vestida con una larga túnica y adornada con alhajas de oro y plata danzando en medio de una dorada luz que hacía notar su cobriza piel y larga cabellera, esta bella mujer atraía la atención de cualquiera que lo observara, quedando pronto hipnotizada y en ese trance era llevado dentro de la Huaca donde quedaba atrapado; muchos ya habían desaparecido y los pobladores muy preocupados por estos extraños sucesos un día decidieron buscar a la bella doncella, esperaron una noche de luna llena y justo a las doce hizo su aparición. El valiente Juan se ofreció de voluntario para ser “el anzuelo” mientras los demás a prudente distancia lo seguirían, y así fue, Juan luego de caminar un buen momento acompañando a la bella doncella, ya en estado de trance había rodeando la Huaca, y estando a punto de desaparecer, el grupo de pobladores hicieron sonar sus machetes haciéndolo salir del estado de trance. Justo en aquel lugar encontraron  una entrada en donde cavaron un gran hoyo de donde sacaron muchos huesos y huacos, pero la doncella seguía apareciendo hasta que después de cierto tiempo dejaron de verla. Entre algunos pobladores se escuchó hablar que unos huaqueros venidos de Cayaltí habían saqueado varias tumbas, entre ellas habían encontrado un ajuar con muchas joyas de oro pertenecientes a una mujer.


                        LA DONCELLA DEL PUENTE DE LA HUACA DE LOS CHINOS

En el puente de ingreso a la Huaca de los chinos, a las doce de la noche aparece una hermosa mujer y luego se dirige a bañarse a la acequia para tentar a cualquier hombre que a esa hora pasa por el lugar. Los pocos que la han visto de cerca en noches de luna llena afirman que es de tez cobriza, de larga cabellera y una bella silueta. En cierta ocasión un joven que estaba de visita en este pueblo y sin conocer que se trataba de un fantasma fue impresionado por la bella mujer y acercándose le preguntó ¿Qué haces a esta hora de la noche y tan sola?, ella saliendo del agua le pidió ayuda para colocarse su adornada túnica con plumas de colores, y le contestó: voy camino a mi casa, mientras se colocaba un bello collar de chaquiras de turquesa, oro y lapislázuli. El joven muy amablemente le ofreció acompañarla y luego de caminar un largo trecho atravesando zapotes y vichayos llegaron a un bello palacio, ella tomándolo de la mano lo invitó a pasar, él sintió la mano fría de la joven que hizo estremecer su cuerpo y de un tirón se soltó y corrió sin mirar hacia atrás, llegó a la casa de su tío botando espuma por la boca , sus familiares le dieron de beber y luego le dieron un trago de yonque. Al día siguiente lo llevaron a un brujo para sacarle el susto, el joven los guió hacia el lugar de residencia de la joven encontrando solo un muro viejo de adobes y una gran caña plantada que sobresalía del suelo.


                                                      LA FORTUNA DE LOS PIEDRA

Los últimos hacendados De La Piedra, dueños de la hacienda Pomalca, fueron una de las familias más adineradas del país y considerados como los “Varones del azúcar”.Según sus trabajadores, estos habían establecido un pacto con el diablo para lograr toda su riqueza, el pacto consistía en entregar el alma de un trabajador cada año o cuando ellos querían recibir más dinero y oro.
Todo el dinero ellos lo cambiaban en joyas de oro y lo llevaban a enterrar a la Huaca San Juan, sus trabajadores del campo lo habían visto cargando unos costales llenos a la parte alta de la Huaca y luego regresaban sin nada a su casa. Después de la muerte de los patrones y de la expulsión de sus herederos de la hacienda, muchas personas fueron en busca de su fortuna a la Huaca y hasta ahora no han podido encontrarlo, muchos de ellos desaparecieron en esta búsqueda. Dicen que hasta ahora al mediodía ven a don Augusto rondando estos lugares protegiendo su tesor.





                                 EL FERROCARRIL ENCANTADO DEL CERRO BORÓ

Una de las tantas líneas del ferrocarril de la hacienda Pomalca pasaba muy cerca al cerro Boró, famoso por su pacto que había hecho con los hacendados De la Piedra para entregar el alma de sus trabajadores a cambio de riqueza. Todos los años alguien moría en algún accidente ya sea en la fábrica o en el ferrocarril y esta alma era entregada en el cerro Boró al diablo.
Habían pasado ya muchos años y el diablo no había cobrado sus víctimas por que los trabajadores conscientes del pacto habían tomado sus precauciones y habían llevado al cura para bendecir la fábrica con agua bendita, pero habían olvidado de bendecir al ferrocarril, entonces el diablo molesto por no cobrar almas enfureció y desde el cerro decidió actuar.
Cierto día a los obreros que les tocaba ir a trabajar a la zona del cerro Boró en el ferrocarril, tuvieron un mal presentimiento y sabían que algo malo estaba por ocurrir, sin embargo después de tomar su te y recibir sus panes y al escuchar su último pitido del ferrocarril de las cinco de la madrugada, todos subieron a los coches; todo parecía normal hasta cuando se acercaron al cerro Boró, repentinamente una neblina cubrió la máquina desapareciéndola misteriosamente, solo se escuchaban desgarradores gritos de sus tripulantes que desesperadamente hacían sonar sus machetes de acero para ahuyentar los malos espíritus y salir de la maldición, pero todo fue en vano, el diablo se había tragado a toda la tripulación con el ferrocarril. Dos obreros testigos de este hecho corrieron al lugar a ayudar pero solo encontraron rocas tiradas encima de los rieles.

                                                             EL GRAN PACTO

En tiempos de la hacienda, los trabajadores de Pomalca se sentían bien por que tenían su ficha de carne y pescado todos los días, así como el bono de alimentos y su pago todas las semanas, pero lo malo era que pasaban muchos accidentes en la fábrica y en el ferrocarril en donde los obreros perdían brazos, piernas y causaba horribles muertes. Algunos se molían junto a las cañas y se mezclaban con el azúcar. Todos estos accidentes no eran por casualidad o descuido de los obreros, sino por el pacto que los hacendados habían hecho con el diablo para entregar el alma de un trabajador cada vez que el diablo lo pedía. A cambio de estas pobres almas entregadas, los hacendados aseguraban mucha riqueza.
Los días martes y viernes el patrón era visto dirigiéndose al cerro Boró y lo veían regresar al día siguiente amarrado su cabeza con una pañoleta. Con los ojos rojos y un aspecto muy agotado lo recibía su chofer  que siempre lo había llevado hasta el cerro. Cierto día se llenó de valor, tomó un trago de yonque y decidió seguirlo escondiéndose tras unas plantas de vichayo, lo siguió a una prudente distancia y de repente aparecieron unos feroces perros negros que le impidieron continuar. El chofer empezó a rezar de miedo y los perros desaparecieron y entonces continuó tras su patrón encontrándolo en medio de un remolino en el suelo junto a una bestia negra en forma de pavo que lo sacudía, lleno de susto por un momento se quedó inmóvil, pero otro trago de yonque lo armó de valor y se abalanzó contra la bestia en defensa de su patrón, pero la bestia mostrando su terrible rostro al chofer, hizo que huyera del lugar hasta donde había dejado el auto. Muy asustado regresó a la hacienda y temeroso al día siguiente regresó a recoger a su patrón, porque así acostumbraba hacerlo, encontrándolo como de costumbre con un pesado saco que le ayudó a subir al carro, pero esta vez puso mucha atención al contenido de la carga, discretamente abrió un costado del saco y pudo ver como brillaba en el interior el oro que su patrón traía después del encuentro con el diablo. Así Pomalca progresó y fue una de las más grandes haciendas azucareras del Perú.



                                                        EL PACTO Y LA FÁBRICA

Hubo un tiempo en que los dueños de la hacienda Pomalca pasaron una gran crisis económica, su fortuna iba decayendo y don Augusto de la Piedra hizo un pacto para hacer grande su hacienda. A cambio del alma de un trabajador cada cierto tiempo, él podía recuperar la grandeza de su hacienda.
Enterados de este pacto los obreros de la fábrica empezaron a temer por sus vidas y tomaban sus precauciones, empezaron a usar amuletos de acero para ahuyentar el mal, pero contra el pacto, no pudieron; llegó el día que ocurrió una gran explosión en la fábrica que provocó la muerte de un obrero. Por la noche algunos pobladores vieron como don Augusto llevaba en sus brazos al trabajador muerto hacia su auto, luego se dirigió hacia el cerro Boró y cruzando en un bote la laguna entregó al cerro a la víctima, al regresar cargaba un saco lleno de monedas de oro.
Por este pacto realizado con el diablo es que aún ven el alma en las noches por los calderos de la fábrica. Este pacto aún sigue vigente, pues cada cierto tiempo ocurre un “accidente” en la fábrica.




                                                     LA FÁBRICA ENCANTADA

Año 1955, 6 de la tarde de un día viernes de verano, un grupo de trabajadores de la hacienda son llevados en el ferrocarril “La Mama Diabla” a cumplir su tarea nocturna de recojo de caña a la zona de Boró. Dos cuarteles de caña se habían quemado y la tarea resultó corta para los 70 obreros, ya próximas a terminar su tarea en horas de la madrugada, siete de ellos se sentaron a tomar su café junto a la máquina cargadora de caña y sentados frente al cerro, todos al mismo tiempo empezaron a ver al frente de ellos la fábrica y un ferrocarril entrando con caña y otro saliendo con azúcar. Esta visión duró pocos segundos, asustados todos se miraron entre ellos sin decir una sola palabra dudando de lo que habían visto, pero después de confirmar la misteriosa visión se pararon, dieron unas pasos al costado, le dieron la espalda, rezaron un padre nuestro y un Ave María y temerosos volvieron la mirada al cerro, pero esta vez ya no había fábrica, ni ferrocarril, estaba el cerro solo y ya amanecía, entonces dijeron: nosotros ahora podemos confirmar lo que todo Pomalca comenta que los hacendados de la Piedra habían hecho un pacto con el diablo y este se había hecho en el cerro Boró. Ya amanecido el día, cuando retornaban en el ferrocarril vieron a su patrón que regresaba en su auto que salía en dirección del cerro y pudieron ver que traía unos sacos llenos, posiblemente de oro que el diablo le había entregado.


                                                          El SERRANO TU TE

A las cuatro y treinta de la madrugada el ferrocarril de Pomalca tocaba el silbato de “preventiva” y a las cinco de la mañana tocaba el de “ejecutiva”. El maquinista, al accionar el silbato del tren lo hacía de tal manera que parecía decir ¡Serrano tu te! ¡Serrano tu te! y así era interpretado por todos los obreros del campo, de corte y carguío de caña que en su  mayoría eran serranos. A esta hora todos estaban listos junto al tren para recibir su taza de te con yonque y sus dos panes que el patrón le ofrecía para luego como soldados y con su alforja al hombro y a la voz de mando del caporal todos subían a los vagones del ferrocarril. Este los conducía al campo para cumplir su tarea de corte que les tomaba desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde. Este popular llamado del ferrocarril a los obreros se cumplía al pie de la letra hasta los años cincuenta del siglo pasado, tiempos en el que el patrón mejoró la ración a caldo de papas, pero el ferrocarril siguió llamando ¡Serrano tu te! ¡Serrano tu te!


                                       LEYENDA DEL TORO QUE HABLÓ EN LA PUNTA

Cuentan los antiguos habitantes del anexo La Punta que cuando eran niños, sus padres y abuelos los reunían por las noches para relatarles cuentos, historias y hazañas familiares las cuales les hacían sentir muy orgullosos. Tirados en unos petates fuera de su quincha y en la oscuridad de la noche que solo dejaba ver la infinidad de estrellas, atentos y en ocasiones inmóviles y acurrucados por terroríficos relatos, seguían muy atentos estas noches de cuentos, pero lo que más les impresionaba por la seriedad con la que relataban y poniendo a Dios por testigo era lo que le sucedió a un peón de la hacienda que obedeciendo la orden de su patrón fue a sacar la yunta para arar un campo que tenía urgencia de sembrar, este obediente hombre a pesar que era día domingo y tenía que ir a misa, se dirigió hasta los animales que estaban atados descansando bajo la sombra de un frondoso algarrobo, los soltó y empezó a jalarlos hasta el yugo y el pesado arado para dirigirse al terreno a trabajar, estos animales que siempre habían demostrado ser muy trabajadores, aquel día se resistían ir a trabajar, el peón molesto con los animales los empezó a golpear y sorprendentemente uno de los toros miró desafiante al peón y le habló ¡Hoy día no!, ¡Mañana si!. El peón sorprendido y asustado corrió al patrón a contarle lo sucedido, este arrepentido de la orden que había dado, ordenó que los llevara a descansar y desde ese día se prohibió que los animales trabajaran el día domingo.


                                                                  LA LLORONA

A media noche por las calles del antiguo Pomalca, los gritos desgarradores de una mujer en busca de sus hijos atemorizaban a sus pobladores ¡Donde están mis Hijos! ¡Donde están mis Hijos! Se escuchaba por las calles y nadie se atrevía a salir ni a mirar a través de sus ventanas. A pesar que entre sus vecinos esta mujer era muy conocida por la desgracia de haberle sido arrebatada sus hijos en las noches era un personaje muy tenebroso, enferma de tristeza no se le veía durante el día, pero en las noches salía como una sonámbula a buscar a sus hijos, de tanto penar murió y en el día de su velorio en plena compañía todos vieron salir del féretro su espíritu y después de su entierro su alma no descansa en paz, convirtiéndose en un fantasma, los que la han visto después de muerta dicen que es alta de larga cabellera con un manto negro y no toca el suelo al caminar.




                                        LA CARROZA DE LA MEDIA NOCHE

Eran los años cuarenta del siglo pasado, tiempos en que Pomalca aún no tenía alumbrado eléctrico y a partir de las nueve de la noche ya nadie transitaba por sus oscuras calles por temor a muchos fantasmas que pasaban asustando a la gente especialmente la carroza negra que aparecía a la media noche jalada por dos caballos y acompañada por doce hombres encapuchados y vestidos de negro, estos anunciaban la muerte de alguien y todos temían que pasara por sus calles, por que de seguro que algún vecino moría; muchos de los que vieron esta carroza cuentan que los acompañantes encapuchados que iban tras la carroza no caminaban, sino que suspendidos en el aire seguían la fantasmal carroza.

                                                  LA DAMA DE LA NOCHE

Las carreteras de la hacienda Pomalca eran muy temidas para transitar por las noches ya que se presentaban muchos fantasmas a los conductores de traylers de carga de caña, concientes de estos sucesos ya no paraban sus máquinas en cualquier lugar y ante la presencia de bultos negros que crecían en plena carretera para impedirles el paso los obligaba a rezar y acelerar sus máquinas; en cierta ocasión un nuevo e inocente chofer que no conocía de estos fantasmas se le atravesó en la carretera hacia El Combo en horas de medianoche una mujer que levantando la mano hizo parar el vehículo al chofer, este al verla desabrigada y en aquella noche tan fría le ofreció su casaca; en el corto tiempo de compañía ella le dio su dirección y le pidió que al día siguiente fuera a visitarla para devolverle su casaca; grande fue su sorpresa y susto del chofer al llegar el día siguiente a la casa de la dama que el recogió en la carretera al escuchar de la familia que la mujer a quien el buscaba había fallecido hace un año. El incrédulo chofer luego de pedir más informes acudió al cementerio para comprobar la versión de la familia, encontrando su casaca colgada en una cruz junto a la tumba de una dama con los nombres y fecha de entierro tal como su familia se la había contado.





                                                            EL JINETE SIN CABEZA

Cuenta la gente antigua de Pomalca que un mayordomo de la hacienda fue asesinado por un grupo de bandoleros por evitar un gran robo de varias yuntas de la hacienda. Tras una larga persecución entre los cuarteles de caña de un machetazo hicieron rodar su cabeza entre las patas de los caballos de los bandoleros que lo perseguían, todavía aún montado en su caballo pudo avanzar un cuartel mas, donde cayó al suelo, su fiel caballo paró la veloz carrera y retrocedió a ver a su amo mientras los bandoleros huían de la escena del crimen llevándose la cabeza para tirarlo en una acequia de cachaza. A los pocos días la pena mató al fiel caballo y su alma fue a buscar a su amo quién no pudo recuperar su cabeza y así se le ve hasta ahora recorriendo por las noches no se sabe si cuidando los cuarteles de caña o buscando su cabeza.
Los pobladores de La Unión y Samán ya están acostumbrados a escuchara los trotes del caballo cerca de sus casas los día jueves a las once y treinta de la noche, día y hora en que fue asesinado y que desde hace muchos años sus almas no descansan en paz, algunos curiosos al asomarse por su ventana han podido observar al jinete sin cabeza cabalgando en su fiel caballo.

                                                           CERRO “LAS DOS TETAS”

Era el mediodía y "yayito" pastaba sus ovejas cerca al cerro “Las dos tetas”, cansado de haber recorrido varios cuarteles de caña y agobiado por el fuerte sol, se sentó bajo la sombra de un frondoso algarrobo mientras sus ovejas pastaban cerca al cuidado de sus tres perros; el sueño lo venció por un momento pero este pronto fue interrumpido por las melodías de una banda de músicos que pasaba cerca, pero que el no pudo ver. Las bellas marchas que entonaba lo animaron a ver de cerca a los músicos y decidió seguirla confiando a sus perros la protección de su rebaño. Se dirigió hacia el cerro detrás de la banda que él no podía verla. Ya en la parte alta "yayito" se dio cuenta que no había banda de músicos, pero la música seguía y se alejaba cada vez mas, de pronto sintió un escalofrío que lo hizo reaccionar del encantamiento que estaba siendo sometido por el cerro y apresurado inició el regreso, ya en la parte baja junto a un cuartel de cañas se encontró con una señora que junto a su hijo recogían pasto para sus cuyes y al verlo pálido le preguntó ¿Qué haces solo a esta hora por acá?, este cerro es encantado. "yayito" le contó lo sucedido y la señora le dijo que tuviera más cuidado por que otra vez quizá ya no tendría la oportunidad de contarlo, por que ya el cerro se había llevado a muchas personas y que nunca habían regresado a sus casas.