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jueves, 20 de septiembre de 2012

LA ENAMORADA FANTASMA


LA ENAMORADA  FANTASMA
Relato: Edilfonso Mena Morales
Signol era un fornido e intrépido joven que estaba locamente enamorada de una bella joven  de rasgos Muchic llamada María.   Ambos residían en casas de campo ubicados en las cercanías de Sipán, y por las tardes de los días sábados acostumbraban encontrarse por unos instantes cerca al río, junto a un gran árbol de sauce para brindarse respetuosas caricias y  prolongados besos con el que se demostraban su gran amor.

Había pasado ya casi un año de estar enamorados y Signol ya le había pedido “la prueba de amor”. María se negaba rotundamente a su insistente pedido y le exigía respeto hasta el día en que se casaran. Signol no dejó de insistir, por lo que María se molestó con él y decidió no ir a la próxima cita que acostumbraban junto al río.
Signol estaba tan obsesionado y pensó: ¡Este sábado María  tiene que ser mía de todas maneras, la convenceré!  Y para asegurarse que así fuera visitó al brujo Malaya para que le diera algún secreto, el brujo después de hacerle unas preguntas y pedirle  la foto de su enamorada, empezó a danzar y cantar alrededor de huacos, piedras y estatuillas;  acompañado de su quena, llamando a María y exigiéndole en nombre del dios Eros que se entregase en cuerpo y alma a Signol. También invocó a los espíritus infernales para que el deseo de Signol se hiciera realidad.  Terminada la sesión, Malaya le dijo: Mañana María te estará esperando ansiosa donde acostumbran encontrarse y será ella la que te pedirá que la poseas, y tú la harás tu mujer.
Al llegar el sábado, Signol confiado en la promesa del brujo se encaminó a su cita, y en efecto, allí estaba ella, tan pronto lo vio  se abalanzó hacia él  y lo llenó de besos y caricias y llevándolo de los brazos lo recostó bajo el sauce y  se entregó en cuerpo y alma. Signol no salía de su asombro al conseguir fácilmente su propósito de haberlo poseído a quien más amaba; luego del apasionante momento de entrega mutua,  ella  presurosamente desapareció de su vista sin darle tiempo a Signol para preguntarle por su apreciable cambio de actitud  y ponerse de acuerdo para él próximo encuentro.

Signol, durante la semana estuvo muy ansioso  esperando que llegara el próximo sábado para disfrutarlo con su amada. Y así fue, tan pronto estuvo con ella, él no soportó su deseo y esta vez tomó la iniciativa, pero grande fue su sorpresa y dolor porque recibió una fuerte cachetada de María que lo hizo lagrimear. Signol le increpó: ¡Que te pasa!, ahora por que te haces la loca, tú ya eres mía.
 María nuevamente le lanzó una fuerte cachetada y retirándose del lugar fue corriendo y llorando a su casa. Signol muy intrigado por la actitud de María, al día siguiente se atrevió a ir a su casa para a conversar y pedirle explicaciones por su incomprensible actitud después de la cita intima que tuvieron. María le increpó. ¡Con quien te habrás acostado y me estás confundiendo!, seguro que has estado borracho que no te acuerdas; y retirándose ingresó a su casa dejándolo parado en la puerta.
Signol, muy preocupado y asustado regresó a su casa  y le contó a su hermano, este luego se lo contó a su padre y empezaron a temer lo peor que le hubiera sucedido a Signol. Que la mujer del encuentro intimo hubiera sido la diabla.  De inmediato lo llevaron al brujo Malaya para que lo salvara de la maldición que había sido poseído. El brujo con cierto remordimiento por ser el causante de esta   entrega diabólica, aceptó  curarlo. En la misma noche, en el lugar del encuentro íntimo entre Signol y la impostora de María, Malaya  fue llevado en cuerpo y alma al tratar de quitar la maldición de Signol. Quién salvó de morir y pudo casarse al año siguiente con su amada María.

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