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domingo, 11 de julio de 2010

LOS TRES CABRITOS


Era un viernes de día nublado de los años treinta del siglo pasado, tres obreros de la palana habían quedado alejados del resto de sus compañeros en la tarea de deshierbo de la acequia que pasa por la Huaca del Cementerio, la caña tenía ya unos 6 meses de edad y estaba tan alta que cubría todo sus cuerpos y a la distancia no podían verse unos a otros. Los tres palaneros de pronto escucharon el trote apresurado de un caballo acercase hacia ellos y levantando la cabeza vieron acerarse un jinete vestido de blanco de cabeza hasta los pies, un gran sombrero impedía distinguir su rostro. El, montado en su caballo negro, se les acercó un poco mas, los obreros lo saludaron muy atentamente pensando que se trataba de su patrón don Augusto diciéndole, patrón, ¿Qué es lo que desea? Pero al mirarlo mas de cerca se dieron cuenta que no era su patrón.
El misterioso jinete en tono sonriente les contestó: Díganle a su patrón que he venido por los tres cabritos que me ofreció y en este momento me los voy a llevar. Tirando fuerte de las riendas e hincando con sus puntiagudas espuelas hizo que su caballo en dos patas se parara y girara dándoles la espalda. Ellos se miraron entre si y sin saber que responder, no atinaron en decir nada. Horas más tarde el caporal de la zona al pasar el control de las tareas encontró a tres moribundos obreros que apenas pudieron contar lo sucedido y luego murieron. Estos obreros fueron unos de los tantos que fueron entregados como parte del gran pacto entre los hacendados de La Piedra y el diablo.

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