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domingo, 11 de julio de 2010

CUENTOS Y LEYENDAS

LA EVA DE LA PALMERAAño 1958. Pedro salía de la calle Santa Rosalía y cruzaba la calle Augusto de la Piedra en dirección de las casas de madera, por donde muy cerca había un baño público y una gran palmera. Era ya cerca de la media noche y un pequeño foco colgado de un poste muy cerca al baño apenas alumbraba la oscura noche. De pronto hizo su aparición un perro corriendo hacia él con intención de morderlo, pero repentinamente paró cambiando sus ladridos por aullidos y de inmediato se retiró del lugar llorando sin que Pedro le hubiera hecho algo. Pedro para si mismo pensó: este me ha visto cara de diablo. Apenas se alejó el perro, Pedro volvió la mirada hacia adelante y siguió caminando, estando ya en dirección del baño pero alejado unos diez metros, en forma fugaz vio la silueta de una mujer ingresar al baño de hombres, en ese momento no le dio mucha importancia, pero luego de dar unos pasos mas, se sintió muy intrigado por lo visto y decidió retroceder para dirigirse sigilosamente al interior del baño en busca de la mujer, uno por uno fue revisando los cuartos de baños hasta el final y nada, sorprendido volvió la mirada atrás y velozmente vio salir a la misteriosa mujer, rápidamente salió tras ella y con gran estupor y el cuerpo casi paralizado pudo ver como esta misteriosa mujer completamente desnuda, ágilmente, como si fuera una gata, trepaba la alta palmera para luego ocultarse entre sus grandes hojas, luego de unos instantes Pedro pudo reaccionar y de inmediato se retiró del lugar rezando. Ya en su casa se repuso con un trago de yonque y se fue a acostarse. Al día siguiente, muy temprano puso en alerta a los vecinos para ahuyentar esa alma en pena. Los vecinos se organizaron y montaron guardia, algunos pudieron comprobar que efectivamente ese fantasma de mujer desnuda vivía en esa gran palmera y a media noche bajaba para alimentarse en el interior del baño, pero no se atrevieron a acercarse. Ni el agua bendita que varios de los vecinos le echaron a la palmera pudo ahuyentarla hasta que todos decidieron cortar la palmera. Empezaron en horas de la tarde esta tarea y al anochecer esta gran palmera cayó, en este momento escucharon un aterrador grito que hizo a todos correr, uno de los vecinos trajo kerosene y le prendió fuego. Todos escucharon entre el ruido de las hojas quemándose, gemidos y les pareció ver entre las lenguas de fuego la imagen de una mujer que se iba desvaneciendo junto al humo y el gran viento de la noche.

El Remolino del diablo
Bien dicen los antiguos, que los remolinos los trae el diablo. El llega en el centro de ellos y a toda velocidad corre dando vueltas tras la gente para poseerlos, por este motivo la gente se corre haciéndole la señal de la cruz para ahuyentarlos. En la época de la hacienda, el señor Pasache como de costumbre fue a recoger su pasto junto a su burro al bosque donde hoy es el botadero de basura cerca de San Luis.
Era ya mediodía cuando él llegó a este lugar, se adentró un poco mas al bosque montado en su burro y observó una muy buena mancha de pasto, bajó de su burro y sin soltarlo de su soga se dirigió hacia un algarrobo cercano para amarrarlo, pero la gran cantidad de arbustos espinosos a su alrededor le impidieron amarrarlo allí, así que decidió cortar una estaca de otro algarrobo pequeño y plantarlo en un lugar cercano y mas despejado para amarrarlo y permitirle al burro comer su pasto. Don Pasache, luego de cortar toda esa mancha de pasto se alejó un poco en busca de otro lugar y de pronto un gran remolino pasó por su lado quitándole el sombrero para hacerlo volar por los aires y dejarlo caer cerca a la estaca que había plantado para amarrar a su burro. Gran sorpresa se dio don Pasache al ver que su burro ya no se encontraba amarrado donde él lo dejó, levantó un poco la mirada y con asombro vio a su burro junto al algarrobo que el no pudo amarrarlo. Pensando que el burro se había asustado con el remolino y había corrido a protegerse al algarrobo, se acercó dando un gran salto por encima de los matorrales y con gran estupor vio al animal amarrado en el algarrobo que el no pudo hacerlo. Por un momento se quedó paralizado, sus manos no querían tocar la soga, después de vociferar sacó de su cintura su machete y dando un fuerte golpe sobre la soga que colgaba por el suelo, cortó a esta y cogiéndola fuertemente pasó abruptamente sobre las espinas y matorrales jalando a su burro, dejando el nudo del diablo en el algarrobo. Ya lejos del maléfico lugar sacó de su alforja su botella de yonque y echándose unos tres tragos rápidamente se retiró antes que llegara el siguiente remolino.

EL FANTASMA DEL PUENTE DEL FERROCARRIL DE ETEN

Año 1938. Medianoche de un día de luna llena, el joven Martín Olivos regresaba caminando desde el puerto de Eten. No era la primera vez que a cambio del placer de estar cerca de una bella mujer, se decidía a esta larga caminata guiado por las líneas del ferrocarril. Estando frente a Samán repentinamente se le empezó a escalofriar su cuerpo sin motivo alguno, siguió caminando unos pasos más y luego sacó su puñal del bolsillo y haciendo con el, la señal de la cruz, primero al aire y luego en su rostro dijo en voz alta: ¿Quién eres? ……¡No me vas asustar! Tan pronto acabó de darse animo y caminar unos pasos mas, estuvo bajo sus pies un estrecho puente que cruzaba una acequia y al dar el primer paso para atravesarlo, escuchó un gran ruido como si alguien se hubiera tirado de espaldas al agua, en ese momento Martín se acobardó y decidió retroceder, pero de pronto escuchó acercarse unos trotes de caballo y un jinete en él; esperó que se le acercara y luego lo saludó, el jinete mirándolo directamente al rostro le dijo: Pomalca. Si le respondió Martín, el jinete le dijo: San Luis. Muy tarde por este lugar, Martin le contó todo lo sucedido al oportuno compañero y este le dijo: Yo también lo he visto siempre por acá y anda acompañado de un gran perro negro, tuviste mucha suerte que nos encontráramos, la presencia de mi caballo lo ha ahuyentado, sino te hubiera jalado de los pies al momento de pasar por el puente, por eso escuchaste cuando él se tiró al agua. Este es un alma en pena, ten cuidado, ya no andes a estas horas solo por acá.

EL FANTASMA DE LA CARRETERA

Alfredo, colaborador nuestro, nos relata la siguiente historia.
Erase el año 1980, yo trabajaba en el área de servicentro, en el taller de mecánica con los colegas: Niño, Tirado Zapata, Florindez, entre otros. En aquellos tiempos todos deseaban tener un carrito y el pavo Martínez ya había adquirido el suyo y le había puesto el nombre de “”Folleque” porque se movilizaba con gasolina de Pomalca. Con las gratificaciones de julio y diciembre logré comprar un carro usado, era un Ford Taunus de 4 puertas y lo trabajaba como colectivo en mishoras libres, mas que todo por las noches, de Pomalca a los anexos. Nos estacionábamos al costado de la ex cooperativa de crédito y hacíamos carreras al El Triunfo, Casa de Madera, Ventarrón, La Aviación, entre otros. Cierto día se me presentó la oportunidad de transportar a unos pasajeros al brujo de Saltur que quedaba en la entrada junto al llamado “El Bache”, estos trabajos se hacían los viernes y la paga era bastante buena, por una carrera con espera hasta el día siguiente pagaban hasta cien soles. Aquí quiero contar lo que me sucedió. Aquella noche de un viernes cuya fecha no recuerdo, pero lo que me pasó no lo olvidaré nunca.
A las diez de la noche salí con mis pasajeros de Pomalca a Saltur llevando tres personas, un hombre y dos mujeres, llegue a Saltur aproximadamente a las once de la noche y los deje en la casa del curandero y el trato era que tenía que esperarlos hasta el amanecer. Me estacioné junto al grifo que queda en el cruce de Saltur y Pampagrande y entablé conversación con el guardián un buen rato, la conversación se puso muy amena, sin embargo yo empecé a sentir la necesidad de estar en mi casa y en mi cama, y pensé: mejor me voy y regreso mañana a recogerlos a las cinco de la mañana, cuando le manifesté mi intención al guardián, él me dijo: No lo haga, son las doce de la noche, el camino es pesado.
Yo ya lo había decidido, me levanté y me dirigí a mi auto y enrumbé de regreso a Pomalca, cuando ya había recorrido unos 500 metros sentí como si alguien hubiera subido al asiento posterior y el carro se hizo pesado y el motor empezó a “ratear”, durante el camino el carro no avanzaba y así se mantuvo hasta llegar a la altura del Puente Quemado por donde había sucedido el accidente y aquí el motor se apagó. Bajé del carro a revisar el motor, pero el carro no arrancaba, ya estaba pensando en pasar la noche allí o si tal vez tenía suerte esperar que algún carro pase y me ayude, en ese momento me doy cuenta que al lado derecho entre la calle del cuartel de caña había una choza de un regador con una linterna encendida, me dirigí hacia ella y llamé al regador, le expliqué mi problema y él me dijo: a esta hora no debe andar solo por estos caminos porque son muy pesados, seguramente que usted ha sentido al salir de Saltur como si alguien hubiese subido a su carro y de allí para adelante empezó a fallar, le dije que así fue exactamente y me volvió a replicar, al salir de Saltur de la mano izquierda hay una cruz de mala muerte, allí sube una sombra y si no le pasa nada, bajará exactamente por aquí.
Ese es el recorrido de este fantasma, pero no se preocupe amigo, lo voy a ayudar, yo soy regador mas de veinte años y he visto cosas que no me va a creer y cogiendo su machete lo restregó en el asfalto por varias veces gritando ¡Vete sombra del más allá! Este no es tu mundo, es el mundo de los vivos, el no te pertenece ¡Vete! ¡Vete carajo y no lo jodas! Y me calmó diciéndome: Suba amigo, arranque su carro, yo lo voy a acompañar en mi bicicleta hasta más allacito, no tenga miedo , nada le va a pasar, vaya de frente, no mire para atrás ni a los costados, después de la huaca San Juan estará libre.
Así fue, arrancó el carro como por magia, tomé la pista y aceleré pero jamás me di cuenta si me siguió durante el recorrido. No pasó nada, llegué a mi casa asustado, le conté a mi esposa e hija lo que me había sucedido, eran las tres de la mañana, mi esposa me preparó una bebida, me frotaron con agua florida y me dormí pensando en el regador que me ayudó. Me propuse identificarlo para darle las gracias, acudí a la administración de campo, en el “parte” me comuniqué con el mayordomo de la zona y le pregunté quien era el regador que estuvo de turno esa noche en ese campo y el señor García, quien era el mayordomo me respondió que en ese campo nadie ha estado regando, por que ese campo está agotado desde hace mucho tiempo. Vendí mi carro, me jubilé y hasta ahora sigo pensando quién fue el que me ayudó.

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